Menu Principal

ENFRENTANDO UN EMBARAZO NO PLANIFICADO

 

TESTIMONIO PERSONAL

 

Mi historia es probablemente típica para muchas jóvenes. Tenía 22 años, era estudiante en la universidad y me sentía capaz de manejar mi vida a cabalidad.

Nunca olvidaré aquel día cuando perdí mi período. Inmediatamente pensé "estaré embarazada?". Me asaltaron emociones confusas, Jorge y yo habíamos estado saliendo por un poco más de un año y nuestra relación no era estable. Sin embargo aquí estaba yo, ahora embarazada. Qué haría, cómo se lo diría a mi familia? Y mis amigos? Si solo pudiera volver atrás...En lo que concernía a Jorge, para él solo había una solución: el aborto. Matrimonio? No era una opción para él en ese momento. El mismo se encargó de hacer las averiguaciones y me llevó a una clínica donde harían el procedimiento, muy sencillo y muy rápido como el "médico" expresó.

Al tratar de dormir aquellas noches, muchas emociones y sentimientos cruzados me dieron la vuelta en la cabeza. Lloré hasta creer que mi corazón iba a estallar. Le pedí a Dios que me ayudara, traté de explicarle porque haría el aborto, aun cuando al mismo tiempo quería tener a mi bebé. Me sentía sola, sin tener a quien acudir por un consejo sabio y apoyo. Jorge me había dicho que me dejaría si decidía tener el niño.

Cerrando mis ojos y dejándome llevar por la desesperación fui con él a la clínica de abortos. En cuestión de minutos mi niño se había ido, era un varón, me dijo la enfermera. Por horas dormí bajo el efecto de la anestesia, pero al despertar el vacío y la soledad habían aumentado. Debo decir que nuestra relación se terminó en pocos meses. Por años llevé la culpabilidad y remordimiento conmigo. Me casé y tenía un bebé hermoso, pero la culpa y el vacío que el aborto había dejado no podían ser sustituidos. Entonces busqué ayuda y recibí sanidad cuando supe que para Dios no hay pecado imperdonable, que Cristo había cubierto con su sangre mi maldad. Al arrepentirme con corazón sincero también aprendí que debía perdonarme a mí misma y a aquellos que participaron conmigo en este hecho.

Nunca olvidaré a mi niñito pero ahora ya no hay miedo, ni amargura, ni temor. Cristo me ha sanado. (I Juan 1:9) Esta historia es verdadera. Cindy es el seudónimo de la joven que compartió con nosotros su historia.

 

 

Artículos de Salud y Belleza Clic aquí